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SOLO A DIOS LA GLORIA

 


Romanos 11:36

Pbro. Raymundo Villanueva Mendiola

La frase “Solo a Dios la Gloria” es utilizada a menudo para definir la posición del Calvinismo y con él del pensamiento que surgió de la Reforma del s. XVI. Esta frase forma parte de otras tantas conocidas como las Cinco Solas de la Reforma protestante: Sola Scripturae, Sola Fide, Sola Gratia, Solus Christus, Y Soli Deo Gloria. Ellas no fueron compuestas en su mayoría durante la reforma, es decir, no las encontrarás expuestas en un libro de algún reformador, fueron los teólogos del siglo 19 y 20 quienes las elaboraron para definir los principales postulados de la reforma protestante en contra del catolicismo. Tristemente hemos reducido estos principios fundamentales de la Reforma a una mera comprensión personal de la salvación. Por ejemplo, el SDG se entiende como el fin de la salvación, ¿para qué fuimos salvados? Para la gloria de Dios, para que Dios sea exaltado por su misericordia. Y claro, es verdad, fuimos salvados para que Dios sea glorificado. Sin embargo, este “Solo” no debe reducirse a la salvación personal o de la iglesia. Este Solo A Dios la Gloria nos proporciona una perspectiva mucho más amplia del Dios que adoramos y a quien debemos glorificar en todo momento. El texto base que utilizaré para la exposición está en Romanos 11:36, y es muy conocido “Porque de él, y por él y para él son todas las cosas, a Él sea la gloria por los siglos. Amén.” También dividiremos este sermón en tres partes: De Él, Por El, Para Él. Y así, si Dios nos ayuda con su Espíritu Santo, entenderemos que Él es el centro, el medio y el fin de toda nuestra existencia.

-          DE EL

El Apóstol Pablo terminaba de argumentar acerca de la predestinación de la Iglesia del Señor. Y termina con el texto que hemos leído, enfatizando que Él es soberano y todo le pertenece, por tanto él puede hacer lo que quiera con nosotros, porque existimos para su gloria y honor. Todo lo que sucede en el mundo de Dios está en las manos del Soberano Señor de los Mundos, y no hay nada que pueda oponerse a su designio y mandato. Este verso 36 comienza diciendo que “todas las cosas son de Dios”.

El término griego utilizado es ex y lleva en sí la idea de algo que proviene de alguien más. El Apóstol está hablando de que Dios es el Creador de todas las cosas. De hecho, la versión “Palabra de Dios para Todos” traduce el texto de la siguiente manera: “Dios ha creado todo y todo existe por él y para él. ¡A Dios sea el honor por toda la eternidad! Así sea.” Pero no solo indica que él es el creador de todo lo que existe, sino que también es el propietario. Por ello en nuestra RV se utiliza la frase “de él”. Sí, nuestro Dios es el creador y propietario de todo lo que existe. ¿y qué es ese todo del que hablamos? Bueno, permíteme aclararlo.

En el principio Dios creó los cielos y la tierra, la tierra estaba sin propósito y vacía, pero Dios decidió convertirla en el teatro de su gloria, el lugar donde él sería exaltado. Entonces él llamó a la existencia a la luz, y por su palabra poderosa, la luz comenzó a existir. De hecho él a lo largo de seis días estuvo dando forma al escenario para que la su obra maestra se desarrollara. Con su palabra creó los mares, los ríos, y los llenó de peces y grandes animales y monstruos marinos. Hizo que la tierra seca se descubriera y con su Palabra hizo producir toda clase de árboles frondosos y frutales, arbustos y helechos, caña y litches. A la vez, hizo que comenzaran a existir las aves que día a día nos despiertan con su canto, las bestias del campo y los animales para la ganadería, como las vacas, y las ovejas. El mundo entonces se pobló de grandes y maravillosas criaturas, el Señor entonces dijo: “Hagamos al ser humano, para que domine sobre todo lo que hemos creado, y continúe la obra que comencé”. Así, Dios formó al hombre para que en le sirviera con toda su labor. De hecho al primer hombre, Adán, Dios lo puso en el jardín del Edén, con una tarea muy particular: la de labrar y guardar el jardín. Es decir, el hombre fue puesto en el mundo de Dios para desarrollar la creación del señor, estudiarla y desplegar el potencial que el Señor puso en sus obras. A la vez el Señor también por su poderosa palabra, creó las relaciones sociales que hoy nos identifican, una de ellas es el matrimonio. El Señor creó el matrimonio entre el hombre y la mujer para funcionar como la expresión maravillosa de amor y fidelidad mutuo entre los cónyuges. Todas las actividades humanas son también creación de Dios. Dios, a través del hombre, sigue innovando en su mundo haciendo que nuestros ojos se maravillen de la grandeza y el poder de nuestro Dios.

Sí mi hermano, las Escrituras testifican que la creación del Señor, o aquello que es propiedad del señor no se limita a las cosas que llamamos “naturales”, sino que también los esfuerzos culturales, los esfuerzos humanos por desarrollar este mundo, obedecen a la Poderosa Palabra de Dios que dijo: “Fructificaos y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias del campo”. Todo este mundo, con su desarrollo (aunque afectado por la caída) es producto del mandato soberano del Señor. La invención de la rueda, el descubrimiento del fuego, la agricultura, la fermentación de la uva para crear vino, o la fermentación del aguamiel para crear pulque. Todas estas cosas los antiguos aztecas, griegos y las diferentes culturas del mundo los identificaban como dones de los dioses, cosas que les pertenecían a ellos, pero que lo daban a los mortales. Estos paganos tenían mucha más claridad con respecto al mundo y su desarrollo, que los cristianos hoy. Muchos de nosotros, hoy tratamos los desarrollos culturales como si fueran una intromisión por parte del hombre en la buena naturaleza. Pero la realidad es que nuestro Dios no solo quiere, sino que manda que hagamos que este mundo no se quede con puros árboles, sino que innovemos, construyamos y aprovechemos los recursos que nos ha dado para manifestar su gloria en formas novedosas.

¿No es Dios quien ha creado los gobiernos del mundo? Así lo testifica Romanos 13 y Génesis 11. Por tanto son de él. ¿No es Dios quien ha creado las riquezas mandando al hombre trabajar? Así lo testifica 1 Tesalonicenses y 2 Cor. 9:8. Por tanto, las empresas, sus riquezas y los sistemas económicos y financieros son de Él. ¿No es Dios quien ha ordenado que los patrones y empleados se sirvan mutuamente? Así lo testifica 1 Timoteo y gran parte de las legislaciones de la ley de Moisés. Por tanto, las relaciones laborales, los trabajos y demás empleos, son propiedad del Señor.  Te pregunto, ¿Acaso no fue el Señor quien ordenó que las familias sean formadas cuando dijo: “Fructificad y multiplicaos”? El Señor claramente reclama derechos sobre los hijos cuando les manda: “Hijos obedeced en el Señor a vuestros padres” u “Honra a tu padre y a tu madre”. Por tanto, las relaciones familiares, de padres e hijos, son del Señor. Así mi hermano, el Señor ha creado todo lo que existe por su Palabra poderosa, hoy sigue normando toda nuestra vida por sus leyes en la creación, sigue formando familias, empresas, gobiernos, tecnologías, y demás. Todo ello le pertenece al Señor.

Por eso el apóstol en 1 Corintios 8:6 dice: “sin embargo, para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para El”. Sí mis hermanos, todas las cosas provienen del Padre. Toda buena dádiva y todo don perfecto (coloque aquí incluso los esfuerzos culturales) son del Señor.

POR EL

La siguiente frase que utiliza el apóstol es “por él son todas las cosas”. Esta frase utiliza la palabra griega “diá” y significa “a través de, o por medio”. La Nueva Traducción Viviente traduce de la siguiente manera: “Pues todas las cosas provienen de él y existen por su poder y son para su gloria. ¡A él sea toda la gloria por siempre! Amén.” “existen por su poder”. De esta frase aprendemos dos cosas muy importantes, primero que todo lo que hay sigue siendo sostenido por el poder de Dios, y en segundo lugar, que Cristo es el Señor de toda la creación. Por ello 1 Cor. 8:6 dice: y un Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros.

Para entender esto debes recordar que todo fue puesto a los pies del hombre para que lo desarrollara en obediencia y fidelidad al Señor. Toda la vida humana debía ser una canto de exaltación a Dios. Sin embargo nuestra experiencia nos muestra lo contrario, nos muestra que los buenos dones de Dios pueden ser corrompidos profundamente. La aplicación de Tik Tok por ejemplo, un medio de diversión entre los más jóvenes, está siendo utilizado por redes de pedófilos para obtener imágenes y de jovencitas (os) menores de edad. Así, un buen don de Dios para la diversión, es corrompido por los pecadores. De igual forma, la familia, en lugar de ser un círculo de confianza y amor entre sus miembros, se convierte, por culpa del padre abusivo o de la madre sobreprotectora se convierte en un infierno en la tierra. O también, el recorrido que una mujer tiene que hacer por la noche de su trabajo a su casa, se vuelve un peligro constante, debido a los secuestradores y violadores. ¿De dónde viene esta corrupción de la buena creación de Dios? La Revelación divina nos enseña que el hombre se rebeló contra Dios y quiso dominar para sí mismo y para su propia gloria. Quiso ser igual a Dios. Esto es lo que llamamos pecado. Al colocarse a sí mismo en el lugar de Dios el hombre empezó a crear sistemas de opresión, que, como el retrato de Dorian Grey, reflejan su propia perversión y maldad. Las familias, las empresas, las relaciones laborales, los partidos políticos, las razas, la sexualidad, la masculinidad y feminidad todos se vuelven unos contra otros, porque, bajo el señorío del hombre caído, el mundo anda como una gallina descabezada, aún corre, pero no tiene rumbo ni propósito, no sabe que está muerta. Es como si se desatara una guerra cósmica por el señorío, el hombre se vuelve contra la mujer y la mujer contra el hombre (Gen. 3). Cuando el hombre labra la tierra, esta no le da fruto, sino espinas y cardos, es como si la tierra se rebelara contra el hombre y no reconociera su señorío. Los hombres quieren tomar por la fuerza a la mujer, para saciar sus “instintos sexuales” y las mujeres quieren independizarse de toda atadura, incluso de las ataduras naturales de la maternidad, para poder autodefinirse. En palabras de Duncan Dhu: “Y la tierra aquí es de otro color, el polvo no te deja ver. Los hombres ya no saben si lo son, pero lo quieren creer. Las madres que ya no saben llorar, ven a sus hijos partir. La tristeza aquí no tiene lugar, cuando lo triste es vivir”.

Así de terrible es la vida del hombre, así, sin sentido, sin propósito, porque perdieron de vista quien es el verdadero Señor. Las Sagradas Escrituras nos enseñan que en Cristo fueron creadas todas las cosas. Colosenses 1 (NTV) nos lo explica de la siguiente manera: “porque, por medio de él, Dios creó todo lo que existe en los lugares celestiales y en la tierra. Hizo las cosas que podemos ver y las que no podemos ver… Todo fue creado por medio de él y para él. Él ya existía antes de todas las cosas y mantiene unida toda la creación.”. En Cristo fueron creadas todas las cosas, es decir, todo lo que existe está puesto bajo la administración, cuidado y dirección de Cristo. Él es quien domina sobre todo. Hebreos 1, dice que él es “quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”. Definitivamente nuestro Señor Jesucristo mantiene el universo en funcionamiento bajo su autoridad. Pero el hombre quiso usurpar el lugar, por ello él mismo, como el responsable sobre toda la creación, tomó nuestro lugar, y se hizo hombre. Él es la imagen del Dios invisible, el heredero de todo, quien debe dirigir este mundo y ponerlo en orden si algo no sale bien. Y precisamente eso es lo que sucedió. El hombre en su rebelión corrompió la creación, esta parecía que ya no era de Dios, y que ya era sostenida por él, ahora parecía un caos. Pero Cristo tomó sobre sí la culpa del deterioro del mundo, y se impuso la tarea de “hacer nuevas todas las cosas”. Hacer una renovación profunda del mundo. Él quien sostenía el mundo pro la Palabra de su poder, ahora venía a efectuar el pago pro el pecado. Por nuestra rebelión, por cada acto que no reflejaba ni refleja la gloria de Dios, él vino a morir. Por cada mujer oprimida y varón opresor él vino a morir. Por cada niño violentado y por cada hombre perverso él vino a morir. Porque aunque en nuestro sistema justicia haya injusticias, y pensemos que unos merecen la muerte mientras otros no, bajo el juicio de Dios, toda la creación, todos los esfuerzos culturales, todas los hombres y mujeres, merecemos la muerte. No hay justo ni aún uno, dice el Señor. Todos nosotros debíamos ser borrados de la faz de la tierra al igual que en el diluvio, pero Cristo, quien integra, une y restaura a la creación, él ha pagado por el pecado. La mujer puede encontrar verdadera libertad al someterse a Cristo, quien es la cabeza de la creación. El hombre puede encontrar verdadera masculinidad cuando se somete al varón perfecto. Todos y cada uno de los oficios, trabajos, llamados y vocaciones que Dios ha hecho al hombre, pueden encontrar verdadero significado en Cristo. Porque todas nuestras labores culturales, en lo económico, lo político, lo social, lo académico, son puestas bajo el dominio de Cristo Jesús.

El Apóstol Pablo nos explica en Hebreos: “habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó  a la diestra de la Majestad en las alturas”. Sí, Cristo Jesús, purificó a la iglesia, como su cabeza, para que bajo su Señorío y dominio, ella pueda involucrarse en el mundo de Dios para cumplir la tarea que le ha sido encomendada. Ridderbos nos explica un poco al respecto: “Se trata de una creación tal que coloca todas las cosas, lo mismo que la iglesia, bajo el dominio y la disposición de Cristo con miras al propósito que Dios les dio” (Pensamiento de Pablo, Pg. 107). Todas las cosas, el gobierno, la economía, las empresas, los trabajadores, las familias, los matrimonios, y un gran etcétera, son puestas bajo el domino y a la disposición de Cristo para que el propósito divino se cumpla a plenitud. Sí, Cristo ha hecho que el mundo retome su rumbo. Hechos describe el inicio de tal situación, el mundo siendo puesto de cabeza por los discípulos (Hechos 17:6). Pero aquí lo llamativo es que el mundo estaba de hecho de cabeza, patas arriba. Eran los discípulos, los que seguían el señorío de Cristo, quienes estaban volviendo a colocar el mundo en su debido orden. Porque bajo el domino de Cristo hay paz, hay justicia, hay amor, hay vida. Pero bajo el dominio del hombre caído, solo hay confusión, pecado y muerte. Solamente Cristo, gobernando por su Iglesia, trae la restauración tan anhelada por las naciones.

Es necesario entonces que entendamos que cuando las Escrituras dicen “Por él son todas las cosas” se refiere a que están bajo el dominio y el cuidado de Cristo Jesús, quien soberanamente hoy dirige a su iglesia por la Palabra y su Espíritu para restaurar este mundo como el teatro de la gloria de Dios, como era en el principio.

-          PARA EL

La última frase es “para él son todas las cosas”. Pablo utiliza la palabra “eis” en griego, que describe el dirigirse hacia algo, o moverse hacia algo. Implica propósito o fin. Todas las cosas son encaminadas, y llevadas por Cristo para su propósito último, la Gloria de Dios. Ese es el propósito original de todas las cosas, la restauración en Cristo no significa volver al jardín del Edén, sino llevar la cultura de donde está a como Cristo la quiere: reflejando la gloria de Dios.

Hoy Cristo está sentado a la diestra del Padre, quisiéramos tener alguna especie de dirección cercana, una línea directa, como un watsapp, o el twitter divino. Sin embargo, tenemos algo mucho más grande, no necesitamos una línea directa, porque tenemos la mismísima presencia del Señor en medio de nosotros. Cuando Cristo subió al Cielo, diez días después envió a su Espíritu Santo, para que todos, grandes y pequeños, hombres y mujeres pudieran profetizar. ES decir, cumplir su labor dentro del plan divino. Fue por la obra poderosa del Espíritu Santo que nuestro Señor realizó todos sus milagros, y fue pro la obra del Espíritu Santo que los apóstoles desafiaron al imperio romano y lo conquistaron. Fue por el poder del Espíritu Santo que en el Areópago, el centro de la cultura pagana, fue proclamado y creído el Cristo resucitado. Fue por el poder del Espíritu Santo que el mundo entero conocido en aquel momento fue llenado de la gloria de Dios, como las aguas cubren el mar.

Pero el Espíritu no solo motiva, también capacita para que podamos realizar nuestra tarea con valor. Cristo no nos ha dejado solos, ha cumplido su palabra y nos ha enviado a aquél que nos sostiene cuando no podemos avanzar. 1 Corintios 12 nos explica que el Espíritu nos capacita con diversos dones para poder realizar la tarea a la cual nos ha llamado el Señor: dar gloria a Diso con todo lo que hacemos y así ser colaboradores de Cristo en la restauración del Reino. Todos estos dones dan lugar a la vocación del hombre. ¿Quieres saber en qué debes servir al Señor? ve los dones que el Señor te ha dado. Por ahí puedes empezar. ¿Qué labor me ha dado el Señor en su Reino? A algunos les ha dado el don de la enseñanza, pues enseña, instruye a otros para que puedan aprender cómo dar gloria a Dios. A otros les ha dado el don de la administración, pues administra hermano, y no me refiero a las ofrendas de la Iglesia nada más, también a los trabajos fuera de la iglesia, pero todos ellos son para la construcción de Reino de Dios, deben servir para que el dominio de Cristo se manifieste en este mundo. Romanos 12 también nos explica que hay muchos y muy diversos dones y que debemos involucrarnos en ellos para la construcción del reino (v. 3-8). Así los dones del Espíritu no son solo para utilizarse en la Iglesia, sino para la edificación del Reino. Y el Reino, no solo abarca la iglesia institucional, sino que abarca toda la vida. Cristo es el Señor de todo, y todo tiene que ver con Cristo. El Padre le ha dado el Reino a su Hijo, y por medio de su Espíritu Santo nos coloca en este teatro de su Gloria para actuar nuestro papel.

De hecho Éxodo 31:1-5 especifica que la llenura del Espíritu es para capacitarnos en la realización de nuestro oficio para la gloria de Dios. Los versículos 3-5 dicen: “y lo he llenado del Espíritu de Dios, de sabiduría, inteligencia y capacidad creativa para hacer trabajos artísticos en oro, plata y bronce,  para cortar y engastar piedras preciosas, para hacer tallados en madera y para realizar toda clase de artesanías.” El texto es muy claro, la llenura del Espíritu puede tomar múltiples formas, puede ser para realizar labores como las de Bezaleel, que era un joyero, trabajador del oro y la plata, y de igual manera la madera. O puede tomar la forma de un excelente escritor, una persona que barre bien la calle o sirve en las mesas como mesero. Los dones del Espíritu no son cosas superespirituales que solo los más cercanos a Dios tienen. Los dones del Espíritu son las capacidades que el Señor nos ha dado para poder cumplir nuestra tarea en el mundo, la razón por la que vivimos, dar la gloria a Dios.

De ahí aquellas frases del Apóstol, una en Colosenses 3:17 “Siempre dediquen al Señor Jesús todo lo que digan y lo que hagan, dando gracias a Dios Padre a través de Jesús.”. Todas nuestras palabras y nuestras acciones deben ser para el Señor, ya que él es el Creador, el Redentor y quien lleva su creación al fin que él se ha propuesto. De igual forma el Apóstol nos dice en 1 Corintios 10:31 “sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios”. Todas las cosas, cualquiera que sean las que hagamos deben ser para la gloria de Dios. El beso que das a tus hijos al dormir, los cantos de alabanza en la iglesia, tu voto en las urnas, las relaciones sexuales de los esposos, las tareas en la escuela, las lecciones de los maestros, en fin, toda labor humana, debe tener como meta la Gloria de Dios. Que Dios sea glorificado y no nosotros.

CONCLUSIÓN

En este pequeño recorrido bíblico hemos visto que el Solo a Dios la Gloria implica grandes y maravillosas cosas, pero sobre todo nos da una visión de que Dios debe ser exaltado y glorificado en todo lo que hagamos. No solo por nuestra salvación, también por la creación que está siendo restaurada para ser como Cristo quiere que sea. En esta pequeña frase está contenida la más grande doctrina de la Iglesia, la Santísima Trinidad involucrada desde el principio y hasta el final de nuestra historia para cumplir su máximo propósito. ¡Qué gran Dios tenemos! Un Dios que se involucra totalmente para restaurar su creación. El Padre no escatimó ni a su propio hijo, y hoy nos envía su Espíritu para transformarnos a la imagen de su amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo. ¡Cuánto nos ama el Señor!

Ser reformado y sostener las cinco solas de la Reforma no es regresar a las expresiones litúrgicas del siglo XVI, sino una conversión de raíz hacia Dios como el Creador, Redentor y Consumador de todas las cosas. Hoy necesitamos una reforma, y debemos comenzar repensando el Solo A Dios la Gloria. Todos nuestros actos, públicos y privados deben reflejar la gloria de Dios. Todos nuestros trabajos y empleos, deben ser para la Gloria de Dios. Todo hermano, debe ser reformado a la luz de este principio: Solo a Dios la Gloria. No hay bien mayor, no hay otra meta en la vida, más que buscar la gloria de Dios. Y debemos trabajar de tal modo que nuestro último suspiro sea “para la gloria de Dios”. O incluso, debemos trabajar de tal modo, que cuando el Señor regrese, nos encuentre fieles en nuestra posición, haciendo la tarea que nos encomendó para su Gloria y Honor.

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