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COMBATIENDO EL DUALISMO



1 TIMOTEO 4:1-5

Pbro. Raymundo Villanueva Mendiola

Introducción: El domingo pasado analizábamos la última sección del capítulo 3, bajo el título del Misterio de la Piedad, descubrimos que el secreto para una vida piadosa es reconocer que Jesucristo quien padeció la muerte, fue exaltado al resucitar de entre los muertos, para reinar sobre toda la creación. Esta poderosa verdad hace que todo vuelva a tener sentido, y nos coloca a su servicio en todo lo que hacemos. Sin embargo, existen otras formas de pensar acerca de Jesucristo, su obra y las implicaciones que esto tiene en nuestras vidas. Hoy conoceremos una de ellas llamada Dualismo. Esta forma de entender la vida, se expresa en maneras específicas de pensar, hablar y trabajar. Todo se ve permeado por esta visión. El dualismo consiste en despreciar alguna parte de la creación o toda ella como algo malo y buscar solamente lo espiritual, como lo superior o mejor. Por ello esta predicación la titulé Combatiendo el dualismo, y lo haremos a través de 3 ideas principales, primero Identificando su origen, en segundo lugar identificando sus frutos, y por último combatiremos el dualismo viviendo una fe integral. 

IDENTIFICANDO SU ORIGEN

El Señor Jesucristo es el Señor de las edades, él conoce lo que ha sucedido, está sucediendo y lo que también sucederá. Toda esta sección nos habla de una época llamada “los postreros tiempos”, esta profecía fue dada por el Espíritu Santo, quien habló por los profetas del Antiguo y el Nuevo Testamento. Él nos avisa, nos instruye diciéndonos lo que sucederá con el pasar del tiempo. Los postreros tiempos no se refieren a alguna época muy lejana, poco antes del regreso del Señor, más bien, son una manera de hablar del apóstol sobre toda la era de la Iglesia. Los postreros tiempos fueron inaugurados con la primera venida del Señor, y llegarán a su pleno cumplimiento cuando él regrese. Esto que está profetizando el Espíritu, por tanto podemos verlo a lo largo de toda la época en la que vive la iglesia. 

¿Y qué es lo que está diciendo el Espíritu a su Iglesia? Escuchémoslo. Él dice que habrá quienes apostatarán de la fe. Esto quiere decir, que habrá gente que abandonará la fe. La gente será llevada lejos de la confesión de la Iglesia. Esta confesión es la que la tiene unida y fortalecida, recuerda que la Iglesia es columna y baluarte de la verdad, esa fe en Jesucristo como Dios-Hombre, quien reina y gobierna todo el universo, es su base y fundamento. Esta verdad funciona como un fundamento sobre el cual somos nosotros edificados, y se convierte, como lo explicábamos, en el comienzo de un nuevo orden mundial, caracterizado por el Señorío de Jesús. Apostatar de la fe, en esta sección, se relaciona directamente con la afirmación apostólica del Señorío de Jesús sobre toda la vida. 

El Espíritu afirma que la apostasía se debe a que dejamos de escuchar la Palabra de Dios para toda la vida, y empezamos a escuchar a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. Nos ocurre igual que con Adán, él dejó de obedecer el mandato del Señor, y empezó a obedecer la palabra de la serpiente. La apostasía se da cuando habiendo escuchado y obedecido la palabra de verdad, dejamos de atenderla para reconocer otra palabra como la fuente de autoridad para nuestra vida. Por ello el apóstol identifica esa nueva fuente de verdad con espíritus engañadores, es decir, motivaciones engañosas, ideas que pueden parecer buenas, pero que en realidad son doctrinas de demonios. Es una enseñanza proveniente de la boca de Satanás quien busca que los hijos de Dios se aparten del juramento de fidelidad que le han hecho a su Señor. De esta forma él trata de minar la fuerza de la Iglesia, apartando a los hombres y mujeres del Señor, para que así él pueda seguir dominando nuestras vidas. Recuerda siempre que en esta vida hay dos grandes Reinos, el Reino de Dios y el reino de las tinieblas. Ambos demandan toda nuestra vida, exigen nuestra fidelidad completa, el 100 % de nuestro tiempo, trabajo, dinero y familia. Pro eso solo puedes formar parte de uno de los dos reinos. El Espíritu nos advierte que el demonio está tratando de destruir a la Iglesia, y lo hará por medios muy sutiles que veremos a continuación. 

1. IDENTIFICANDO SUS FRUTOS

Nos dice el Espíritu que es por la hipocresía de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia prohibirán casarse y mandarán abstenerse de alimentos. Estos son falsos maestros, ellos son llamados pseudologos (mentirosos) que literalmente quiere decir falsa palabra. Ellos enseñan su doctrina como si fuera la palabra de Dios. Como si fuera la verdad, por eso son llamados hipócritas. De hecho es muy interesante que el apóstol los llame de esta manera, ya que su hipocresía se manifestaba cuando ellos enseñan que Dios ha creado todas las cosas, pero rechazan ciertas cosas de la creación como malas. Esto es hipocresía, por una parte decir que Dios es el creador de todo, pero a la vez, con los actos negar la bondad de la creación. Así, ellos dicen honrar al Creador, pero desprecian su creación. Después se nos dice que ellos tienen cauterizada la conciencia, uno podría pensar que esto quiere decir que están acostumbrados a hacer el mal y que no lo ven como algo malo, pero en realidad lo que quiere decir el apóstol es que estaban tan acostumbrados a los excesos y al pecado, que cuando conocieron la “verdad” rechazaron todos lo que había en la creación. Sus pecados los marcaron de tal forma que cargan con ellos la conciencia perpetua de pecado. A dondequiera que ven, ven pecado y maldad, si ven ciertos alimentos, los rechazan porque les recuerda la época en que vivieron en la glotonería. O si ven el matrimonio lo desprecian porque les recuerda las relaciones sexuales desenfrenadas que vivieron. La conciencia cauterizada no solo es aquella que no siente que algo sea malo, también lo es aquella que siente que todo es malo. Así que parecieran muy santos estos hombres y mujeres, que desprecian las cosas del “mundo”. Se abstienen del matrimonio y se abstienen de los alimentos, las bebidas y demás, so pretexto de santidad, de servir mejor al Señor. 

En cada momento histórico en que este texto se ha predicado se ha identificado a los hipócritas de diferentes formas, pro ejemplo Juan Calvino decía que estos hipócritas era la curia de la Iglesia Católico-Romana que prohíbe casarse a sus curas, y manda abstenerse de alimentos durante la cuaresma. Antes de esos tiempos se identificaba con los maniqueos y gnósticos, quienes creían que había dos dioses, uno bueno creador de las cosas espirituales, y uno malo, creador de las cosas materiales. Así, las cosas físicas, especialmente el sexo y los alimentos eran algo despreciable, y debía buscarse solamente la soltería y el alimento espiritual. Pero veamos un poco más de cerca esta falsa doctrina que en estos tiempos llamamos dualismo. 

Este dualismo, como dijimos al principio, se manifiesta en un desprecio de la creación, un rechazo consciente de las bondades inherentes de lo que Dios creó. Cuando decimos que “comer esto o beber aquello es pecado” estamos cayendo en el terreno del dualismo, estamos dividiendo nuestra vida en dos, en un área sagrada, y otra secular. Al despreciar las cosas de la creación (lo secular) brincamos inmediatamente al lado de lo sagrado. 

Por ejemplo, los hipócritas mentirosos de los que habla el Espíritu, despreciaban el matrimonio pro causa de las relaciones sexuales. Ellos creían que dicho acto impulsaba los deseos más bajos del ser humano y embotaba la mente para que no pudiera conocer a Dios. Si los hipócritas mentirosos (dirigidos por el demonio) despreciaban la sexualidad como algo malo en aquellos tiempos, hoy también hay hipócritas mentirosos que desprecian el matrimonio porque desean disfrutar de ella sin compromiso alguno, encendiéndose en lascivia unos con otros, sin tomar en cuenta el mandato y la ordenanza del Señor con respecto al matrimonio. Nuestra sociedad posmoderna rechaza el matrimonio también con la idea de que este no funciona, que es mejor “solo que mal acompañado” o bajo el engaño de que el compromiso acaba por arruinar la pasión y los buenos sentimientos o los planes de los involucrados. 

El Señor, sin embargo, desde el mero principio de la creación, estableció que el matrimonio era algo bueno y santo. Mandó que un hombre y una mujer debieran unirse en un pacto de fidelidad mutuo en una sola carne por el acto sexual, sellando su promesa de fidelidad. (Gen. 2:25). El matrimonio y la sexualidad que conlleva son descritos bellamente en el Cantar de los Cantares, donde el esposo y la esposa continuamente expresan los sentimientos sexuales entre ellos. De hecho las Sagradas Escrituras honran de tal forma el matrimonio que el adulterio y la fornicación eran castigados con la muerte. El sexo es algo bueno y santo entre tanto y se da en el contexto de fidelidad conyugal. Esa es la Palabra de Dios. 

Por otro lado está el asunto de los alimentos, estos eran despreciados porque eran algo físico, y como dijimos, todo lo físico es algo que nos aleja de Dios que es espíritu. Había quienes llegaban al extremo de alimentarse únicamente en ciertas temporadas, o incluso solo vivían de pan y agua, lo necesario, nada extravagante. Entre menos se disfrutara el alimento, mejor, porque era una forma de santificarse. En nuestros tiempos no es muy diferente. Hay quienes hablan de que comer carne o ciertas carnes, es pecaminoso, y se escudan en el Antiguo Testamento, afirmando que el Señor los llamó impuros. Hay otros que consideran que el comer carne es malo por una aversión a la muerte de los animales. Incluso hay creyentes muy sinceros que espiritualizan aquella petición “danos el pan de cada día” pidiéndole al Señor el pan espiritual, en lugar de aquellas cosas que darían el sustento diario a sus vidas, desestimando como menos importante la comida, la bebida o el vestido, porque no tienen nada que ver con el reino de Dios.  

Por ello el apóstol nos recuerda una maravillosa verdad, todas las cosas que Dios creó son para que con acción de gracias participen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Esta sección es muy interesante. Dios creó todas las cosas para que las disfrutemos. Todos los alimentos son parte del buen orden creacional, y él los hizo para que con libertad escojamos de todos ellos para darle gloria. Las Escrituras nos dicen que (sal 10…) él nos ha dado grandes manjares para disfrutar, producto del campo, el pan y el vino son elementos propios de la buena creación de Dios y debemos disfrutarlos con gratitud al Señor. ¡Qué insolencia sería la de cualquier hijo el no tomar los dones que su padre le proporciona! ¡De igual manera es una ofensa insolente delante del Señor, desechar algún don del Señor como malo o perverso! Esto incluye cualquier tipo de alimento o bebida, incluso el tequila, vino o cerveza, todos ellos son el buen don de Dios, del cual habíamos perdido todo derecho de disfrutar debido al pecado. Nuestro servicio al reino de las Tinieblas hacía que fuéramos usurpadores, ladrones, disfrutando aquello que le pertenece únicamente al Reino de Dios y sus súbditos. 

¿Pero por qué tú y yo podemos participar de toda esta creación? En Cristo Jesús, todas las cosas han sido restauradas. Y nos son devueltas para que podamos gozar los dones de Dios. Juan Calvino en su comentario al respecto lo dice de la siguiente manera: “Y, ciertamente, hablando con propiedad, Dios ha designado sólo para sus hijos todo el mundo y todo lo que está en él. Por esta razón, ellos son llamados también herederos del mundo; porque al principio Adán fue designado para ser señor de todo, bajo la condición de que continuara en obediencia a Dios. Por consiguiente, su rebelión contra Dios le despojó de ese derecho que se le había otorgado, no sólo para sí mismo sino para su posteridad. Y puesto que todas las cosas están sujetas a Cristo, nosotros somos restaurados completamente por su mediación, y eso por medio de la fe; y, por tanto, todo lo que los incrédulos disfrutan puede ser considerado como propiedad de los demás, la cual ellos roban y burlan.”

Por eso creo que los únicos que con todo derecho deberían disfrutar los dones de Dios son los creyentes, ellos son los que saben cómo bailar, como tomar, como comer, para la gloria de Dios. Se que quizá a tus oídos esto suene un poco extraño o hasta blasfemo, pero dime entonces ¿qué significa lo que dice el apóstol? Veamos entonces este tercer punto, viviendo una fe integral. 

2. VIVIENDO UNA FE INTEGRAL

Ya hemos dicho que todas las cosas son nuestras en Cristo Jesús, en él como dijo el Apóstol Pablo: “sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.” (1 Cor. 3: 22-23). Y con ello el apóstol nos invita a disfrutar todos los dones para la gloria y honra del Señor “Sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31). Así todo nuestro ser y lo que tenemos está consagrado al Servicio y la gloria de Dios. No hay nada que hagamos que el Señor no demande como suyo. Ya que como dice el Apóstol en nuestro pasaje de estudio, todo lo que Dios creó es bueno y nada es de desecharse si se toma con acción de gracias. Qué hermosas palabras, Dios en el principio declaró todo lo que él creó como bueno, eso incluye a las bestias de la tierra, las aves, los animales marinos, las plantas, sus frutos, las diferentes instituciones humanas, como el matrimonio, la familia, el estado, las empresas, etc. Todo fue creado por medio de Cristo y para Cristo (Col. 1:16). Y debemos agradecer al Señor por estos maravillosos dones que él nos da. ¿Pero qué clase de agradecimiento sería si abusamos de los buenos dones de Dios? Ocurre como cuando un hijo abusando de la buena voluntad de su padre, utiliza los recursos que le han sido dados para realizar toda clase de desenfrenos. ¿Dónde está la gratitud a Dios de un hombre por su esposa, cuando él desea o tiene relaciones cono otra mujer que no es su esposa? ¿Dónde se encuentra la gratitud cuando en lugar de beber con moderación, nos entregamos a la borrachera y despreciamos el buen don de Dios? ¿Dónde se encuentra la gratitud que los padres deben al Señor por sus hijos, cuando no los cuidan ni procuran? O dime tú ¿Dónde está la gratitud al Señor de parte de los gobernantes, cuando en lugar de impartir justicia, se dedican a malgastar por medio de corruptelas los bienes públicos? La gratitud no solo se expresa en una oración antes de comer o después de recibir los dones, se expresa en el buen uso que hacemos de ellos. Como un niño que al jugar con los juguetes que ha recibido de su padre, los cuida para que duren y pueda divertirse más tiempo, gozándose por la bondad que sus padres tienen hacia él. 

Lo siguiente que nos dice el Apóstol es que en el uso de las cosas debemos tener en cuenta dos cosas la Palabra de Dios y la oración, porque ellas santifican todo para el Señor. Cuando dice que por estos medios la vida entera es santificada no se refiere a alguna especie de declaración mágica, sino que cuando nuestra vida expresa esta gratitud (oración) y hay un uso correcto de los dones de Dios para o que fueron creados (Palabra), entonces estas cosas son realmente santas al Señor, es decir para su gloria. 

Amado hermano, lo que Dios quiere decirnos aquí es que para remediar el dualismo debemos reconocer el carácter creado de todo lo que existe. Dios ha hecho todas las cosas por su Palabra. Esa Palabra que dijo en el principio cuando hizo todo lo que existe (Gen.1). Por esa misma palabra los árboles producen fruto, las nubes proporcionan lluvia y las familias siguen expresándose amor (Salmos…). Esta Palabra es lo que hemos descrito también como Ley de la creación. Todo lo que hay en el mundo está regido por las leyes de Dios para esas cosas, en el contexto de Timoteo, tanto el matrimonio como la alimentación obedecen a las leyes que Dios ha establecido. Podríamos decir que el Señor mismo nos dice que la norma de fidelidad para el matrimonio es lo que lo santifica, así, cuando una pareja expresa su amor mutuo en el acto sexual para deleite de ambos ahí la vida matrimonial es santificada para el Señor y él es glorificado. La ley biótica para los alimentos es lo que los santifica, así cuando preparamos los alimentos, y disfrutamos su sabor, incluso con un buen vino, ellos son santificados, porque estamos obedeciendo la ley del Señor. La ley jurídica le muestra al estado cuál es su labor, y cuando se dedica a la impartición de justicia, el estado es santificado. Así, en todas y cada una de las cosas dadas por el Señor debemos buscar identificar la ley que él ha establecido para su correcto funcionamiento y así podremos servirle en fidelidad y amor. 

Y la oración de igual forma santifica las cosas, no porque haya alguna enfermedad y el señor la quite mágicamente al orar por los alimentos, tristemente hay muchos que oran en el puesto de tacos, pero acaban con una salmonelosis tremenda. Así que no se refiere a una oración mágica que purifica mejor que el desinfectante. Se refiere a que todos nuestros actos son delante del Señor y los ofrecemos a él participando de ellos con fervorosa gratitud. Nuestra oración, es un símbolo de nuestra entrega total al Señor, pero también es el símbolo de que le entregamos todo lo que hacemos a él para su gloria. Cuando participas de los alimentos, o de la vida sexual-matrimonial con gratitud delante del Señor, no hay duda de que estas cosas están siendo usadas para la gloria del Señor. Absolutamente todo lo que hagamos debe subir al cielo como una oración de gratitud al Señor. Bendito es aquél que sabe agradecer al Señor por los buenos dones que él nos da, utilizándolos y regocijándose en ellos, por la forma en que los creó. ¿Cuántas veces agradece el hombre por la belleza o las aptitudes de su esposa? O ¿Cuántas veces agradece la esposa por el carácter o aptitudes de su esposo? ¿No merece el Señor nuestra gratitud por la pareja que nos ha dado y la manera en que él o ella nos sirven en amor? ¿Cuántas veces después de haber comido alabamos al que ha cocinado, y con ello honramos al Señor? ¿No merece el Señor nuestra gratitud expresada en una oración de gozo y alegría por los dones proporcionados?

CONCLUSIÓN

Amado hermano y amigo, el dualismo es un gran peligro, nos quiere hacer creer que hay cosas en las que sí sirves a Dios (como la iglesia, la oración o el canto) y que hay otras en las que no le servimos (como el matrimonio, el alimento, la política o el trabajo). Es momento de que tú y yo empecemos a despojarnos del dualismo que ha permeado nuestras vidas, entendiendo que todo lo que Dios ha creado, sean estructuras físicas o biológicas, como las plantas, rocas y animales, o estructuras sociales, éticas o jurídicas, como la familia, empresas, partidos políticos, etc, de todas ellas debemos participar para la gloria de Dios. Y que debemos hacerlo según las normas y leyes que él ha establecido desde la creación, buscando honrarle con todo lo que hagamos. Agradeciéndole por medio de la oración gozosa producto del uso de los buenos dones divinos. Solo así, te verás libre de ser un hipócrita mentiroso que afirma que Dios creó todas las cosas, pero desprecia partes de la creación como malas o que te llevan al pecado. 

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