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UNA IGLESIA QUE PROCLAMA EL REINO DE CRISTO EN CD. VALLES

Mateo 28:18-20

Seguramente hemos recibido muchos estudios respecto a la llamada Gran Comisión, algunos ponen énfasis en “haced discípulos”, otros en el carácter mandatorio y urgente de “Id”, mientras que algunos más se interesan por la labor educativa de la iglesia en la palabra “enseñándoles”. Hoy veremos una perspectiva más, si quieres verlo así, una predicación más acerca de este tema. No quiero que te despojes de lo que sabes hasta ahora del texto, sino que te sumerjas conmigo a estudiarlo y a ponerlo en relación con nuestra situación actual y muy particular, tanto en tu vida personal, como en la vida comunitaria de nuestra Iglesia. Por ello, en el contexto de esta serie de sermones sobre la visión de Resurrección, presentaré la última parte de ella: Una Iglesia que proclama el Reino de Cristo en Cd. Valles. 

1. Jesús tiene toda la autoridad en Cd Valles

Cristo Jesús resucitó, durante cuarenta días se presentó a sus discípulos con pruebas que nadie podía contradecir. En la última ocasión, él se apareció a sus discípulos en Galilea, en un monte. La respuesta fue inmediata, comenzaron a adorarle. Sin embargo otros tantos dudaban. Pero Jesús acercándose a ellos les dijo unas palabras que han trascendido el tiempo y el espacio, y han quedado grabadas en el corazón de la Iglesia. Él comenzó diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 

El centro es la palabra griega “exousía” que puede ser traducida como potestad, poder, dominio, autoridad. Esta palabra aparece en otros lugares de las Escrituras con profundas implicaciones acerca de Cristo como el Rey universal y soberano. Él ha recibido del Padre toda autoridad sobre su creación. 

Una Iglesia que proclama el Reino de Cristo en Cd Valles
Mateo 28:18-20
Seguramente hemos recibido muchos estudios respecto a la llamada Gran Comisión, algunos ponen énfasis en “haced discípulos”, otros en el carácter mandatorio y urgente de “Id”, mientras que algunos más se interesan por la labor educativa de la iglesia en la palabra “enseñándoles”. Hoy veremos una perspectiva más, si quieres verlo así, una predicación más acerca de este tema. No quiero que te despojes de lo que sabes hasta ahora del texto, sino que te sumerjas conmigo a estudiarlo y a ponerlo en relación con nuestra situación actual y muy particular, tanto en tu vida personal, como en la vida comunitaria de nuestra Iglesia. Por ello, en el contexto de esta serie de sermones sobre la visión de Resurrección, presentaré la última parte de ella: Una Iglesia que proclama el Reino de Cristo en Cd. Valles. 
1. Jesús tiene toda la autoridad en Cd Valles
Cristo Jesús resucitó, durante cuarenta días se presentó a sus discípulos con pruebas que nadie podía contradecir. En la última ocasión, él se apareció a sus discípulos en Galilea, en un monte. La respuesta fue inmediata, comenzaron a adorarle. Sin embargo otros tantos dudaban. Pero Jesús acercándose a ellos les dijo unas palabras que han trascendido el tiempo y el espacio, y han quedado grabadas en el corazón de la Iglesia. Él comenzó diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 
El centro es la palabra griega “exousía” que puede ser traducida como potestad, poder, dominio, autoridad. Esta palabra aparece en otros lugares de las Escrituras con profundas implicaciones acerca de Cristo como el Rey universal y soberano. Él ha recibido del Padre toda autoridad sobre su creación. 
En el principio, cuando Dios había creado todas las cosas, estas fueron hechas por medio de Cristo, el Hijo de Dios, Colosenses 1:16 lo especifica diciendo que todas las cosas fueron creadas por medio de Él y para él, las de los cielos y las de la tierra, visibles e invisibles, tronos, dominios y potestades (aquí se utiliza otra vez esta palabra griega). Las potestades, los dominios, los tronos, no son una clasificación de ángeles como muchos han pensado, por lo menos no se reduce a ello. Sino que las potestades son todos los aspectos creacionales en servicio u oposición a Dios, por el ingenio y labor humanos. Por eso Romanos 8 nos explica que las diferentes potestades o poderes de este mundo (los aspectos creados por Dios, pero siendo dirigidos por el hombre caído) nos quieren separar, alejar, o apartar en rebelión contra el Señor, pero Pablo afirma que ni la muerte, ni la vida, ni principados o potestades (Exousía), ni lo presente ni lo por vernir, ni lo alto ni o profundo, o ninguna cosa creada nos podrá separar del amor de Dios (Ro. 8:38ss). La creación alejada de Dios, sin ser dirigida por Cristo, y dirigida por el hombre caído, es una potestad, un poder que quiere separarnos del servicio que debemos al Señor. 
Por ello la muerte y resurreción de Cristo tiene un alcance cósmico. Él no ha venido solo a salvar almas. Él ha venido a rescatar toda su creación, a hacer que los poderes (aspectos creados por Dios, pero deificados por el hombre) se sometan una vez más al propósito por el cual fueron creados. En su muerte y resurrección Cristo exhibe a estos poderes públicamente como lo que realmente son: impotentes ante el dominio y la autoridad de Cristo (leer Colosenses 2:15). Una vez que Cristo muere y resucita los poderes de este mundo son impotentes para mantener a los hombres, y la creación entera, lejos de Dios. Todo puede y debe, una vez más, servir en obediencia a Dios por medio de Cristo, su cabeza. 
De esta forma Cristo es reconocido como la cabeza de toda la creación. Efesios 1:20 nos explica que al Ascender nuestro Señor, se sentó en el trono reinando sobre todo principado y autoridad, poder y señorío, es decir, ha sujetado y está sujetando activamente toda la creación a su dominio y autoridad (1 Corintios 15:24-26). Jesús gobierna no solo sobre la vida celestial o espiritual, sino sobre toda la creación terrenal. Y la creación terrenal incluye tanto tus ejercicios académicos (la escuela, o universidad) como tus actividades recreativas. Tu trabajo (sea la profesión que sea), o la familia. Absolutamente todo está y debe estar sujeto a Él. 
Esto quiere decir dos cosas, primero que todo está sujeto sus propósitos. Él tiene la autoridad sobre toda la creación para dirigirla y disponer todo lo que sucede como bien le plazca. Él dirige su creación para que honren y sirvan al Padre, dándole gloria a través del desarrollo que el ser humano realiza. En segundo lugar todo está y debe estar sujeto a su ley, a su designio. No es únicamente pensar que las cosas sirven para el propósito que Dios quiere, sino que en Cristo, se espera que hagamos y vivamos según sus mandatos en cada aspecto de la vida. Así, todo lo que hagamos se vuelve relativo, nunca un absoluto, solo Cristo es el absoluto, de quien son y para quien son todas las cosas. El libro de Daniel 7:13-14 lo dice de la siguiente manera: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.”
Ahora quiero que pienses en nuestra ciudad. Y en la implicación que esto tiene para ella. ¿Ves acaso que nuestra Ciudad reconozca la autoridad de Cristo sobre ella? No. Y sin embargo afirmamos que Cristo tiene toda potestad en el cielo y en la tierra. Nuestra visión, es la misma que el Padre tiene hacia su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ver toda la ciudad sometida a Cristo. Ver que Cd. Valles (Ébano, Madero) esté llena de la gloria de Dios así como el agua llena el mar. Ver que hombres y mujeres son restaurados a una relación digna delante del Señor en obediencia, servicio y amor mutuo para la gloria de Dios. Quiero ver que Cristo sea proclamado y creído por multitudes, porque Él es el Rey, el que debe dirigir toda nuestra vida y ante quien se debe doblar toda rodilla. Esa es nuestra visión, y debemos empezar a hacerla real en nuestro diario vivir. Debemos proclamar el reino de Cristo y decir que Él tiene toda la autoridad en el cielo y en la tierra, y eso incluye Cd. Valles. 
2. Nos manda a hacer discípulos en Cd Valles
Después de establecer que a él le ha sido dada toda autoridad en el cielo y en la tierra da una orden a su pueblo. Les dice que yendo por el mundo hagan discípulos a todas las naciones. Hay que ser muy enfáticos en esto, la manera en que lo dice Cristo no es “hagan discípulos en todas las naciones”, sino “hagan discípulos a todas las naciones”, por esta sencilla palabra cambia todo el sentido. No es meramente una evangelización masiva o que hagamos discipulado en México, sino que hagamos que México entero sea discípulo. La demanda que Cristo hace es que todas las naciones lleguen a ser discípulos del Señor. Una nación entera sometida al Señor. 
Obviamente entendemos que no todo México se convertirá al Señor, porque él ha escogido a algunos para salvación y a otros los ha dejado para perdición, sin embargo, el deber del creyente es que la nación misma sea sometida a los pies de Cristo. La predicación del evangelio es la que hace discípulos. Un discípulo es aquél que está identificado con su maestro, que sigue sus enseñanzas y que está dispuesto a ser llamado del nombre de su maestro. Por eso somos llamados “cristianos”, porque seguimos a Cristo, somos discípulos de Cristo, y obedecemos a Cristo. Cuando escuchamos el mensaje esencial del evangelio y lo creemos, comenzamos a ser discípulos, el discipulado comienza. Cada uno de nosotros nos volvemos hombres y mujeres que en su diario caminar, aprenden a experimentar y vivir en la gracia y la misericordia de Dios. Libres del poder de la muerte, el diablo y el pecado. Esta liberación y este comenzar a ser discípulo ocurre cuando escuchamos y creemos las buenas noticias de que Cristo Jesús murió para otorgarnos el perdón y la misericordia de Dios, resucitando para así demostrar que él es digno de nuestra confianza y que tiene toda la autoridad para salvarnos y rescatarnos del mal. La separación que existía entre Dios y nosotros ya no existe más, porque Cristo Jesús ha quitado esa separación y nos ha acercado a Dios el Padre por su muerte y resurrección. 
Así pues, aunque toda la nación no es cristianizada, los elegidos constituyen el núcleo de la nación, podríamos decir que los cristianos mexicanos son el México renovado que será presentado ante el Señor. Por ello deben distinguirse los discípulos de los que no lo son a través del Bautizo. El bautizo es la señal de que esas personas, serán injertadas en el Reino de Cristo, por el bautizo somos identificados con el Reino de nuestro Dios. Y reconocemos al verdadero Dios como el único Señor de todo lo que existe. Por ello nosotros creemos y afirmamos que hay un solo Dios, el Padre quien creó todas las cosas, el Hijo quien redimió todas las cosas, y el Espíritu Santo quien santifica todas las cosas. Que este Dios único y verdadero lo conocemos en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, por ello la fórmula para el bautizo utilizada por los creyentes en el verdadero Dios es “en el nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo”. Así, el bautizo simboliza que nos unimos unos a otros alrededor y por medio del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo. Él es el verdadero Dios y es a su reino al que pertenecemos. Mi pregunta hoy para ti es ¿perteneces a este Dios verdadero? ¿Perteneces al grupo del México renovado que será unido al Reino de Cristo Jesús? ¡Qué maravilla será poder ver Cd Valles unido al reino de Cristo hoy!
3. Enseñándoles a vivir según los mandatos del Señor en Cd Valles
Has reconocido el Señorío de Cristo en Cd Valles, te has convertido en un discípulo del Señor, has profesado públicamente tu fe en Cristo Jesús a través del bautizo, ¿ahora qué? Dice nuestro Señor que es deber de la Iglesia instruir, enseñar a sus discípulos a que guarden todo lo que él nos ha enseñado. 
No solo es formar parte de la Iglesia, sino ser la Iglesia dondequiera que estés. Eres seguidor de Jesús no solo los domingos, sino cada día, cada hora y en cada lugar. Cristo nos dejó mandamientos, guías, instrucción para poder vivir en este mundo de acuerdo a su voluntad. Él quiere que aprendamos a servir al Señor, para que en todo momento le demos la gloria. Su ley es la que llamamos Ley del Amor.
Él dijo: Ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Mat. 22:37) ¿Qué significa esto? Significa que toda tu existencia, todos tus sentimientos, todo tu trabajo, desde lo más profundo en tu ser, pero también en lo más externo y visible, todo ello debe ser una expresión de servicio y fidelidad al Señor. Cuando lo amamos con todo nuestro ser, no podemos permitir que otros dioses estén en nuestro corazón más que él, así desechamos todo intento por parte de nuestro corazón de deificar alguna cosa en la creación, y confesamos que ni la sexualidad, ni el trabajo, ni la familia, o el dinero pueden ser el motivo o razón de ser de nuestras vidas. Como amamos a Dios con todo nuestro ser, no podemos dejar de reunirnos con aquellos que también lo aman, por eso un día de cada siete nos reunimos para reconocerlo públicamente como el que sostiene nuestras vidas y el que nos ha salvado. Dejamos todo trabajo, tarea o labor para poder dedicarlo con gozo, no a nuestra familia, sino al Señor y su Palabra, para fortalecer nuestra fe y andar en sus caminos. O también, cada día en este mundo, cada día cuando trabajamos lo hacemos, no buscando nuestro alimento, sino buscando su gloria. No buscando nuestro honor sino buscando que él sea exaltado. Él y solo él se vuelve el centro alrededor del cual gira toda nuestra existencia. 
También dijo: Ama a tu prójimo como a ti mismo (Mat. 22:39).  Y esto lo explicó de otra manera diciendo: Haz a otros lo que quieres que hagan contigo. Así, él quiere que aprendamos a honrar a nuestras autoridades, incluidos nuestro padre y madre; quiere que protejamos la vida, incluida la del no nacido; quiere que resguardemos la propiedad de nuestro prójimo, procurando su bien; quiere que honremos la fidelidad dentro del matrimonio y la castidad en la soltería; quiere que aprendamos a dejar a un lado la codicia, y empecemos a alegrarnos por el bien de nuestro prójimo. Todo ello no es cosa de un día, sino toda la vida. Y cada día aprendemos más y más sobre cómo servir y honrar al Señor en cada área de la vida. 
CONCLUSIÓN
Así pues, llegamos a la última parte del texto que dice: He aquí yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.  ¿Cuál es la razón por la que podemos proclamar este Reino en nuestra ciudad? ¿Qué certeza tenemos, no solo que será creído, sino también vivido? Pues la certeza de que Él está con nosotros. Cristo ha prometido que él está con nosotros, todos los días, hasta el fin del tiempo. Si mi hermano, esta tarea no es sencilla, más bien, se vuelve cada día más laboriosa y complicada. Y sin embargo, él prometió no dejarnos solos. Nuestra Iglesia tiene muchas dificultades, nos desanima ver poca gente involucrada, poca asistencia, y quizá hasta desinterés por el crecimiento. Quizá tenemos muchas cosas contra nosotros, y es verdad, no conseguiremos que toda la ciudad se convierta al Señor. Quizá también tenemos una gran desventaja, nuestra propia pena para poder compartir el evangelio. Quizá también somos débiles, y quizá también somos cabeza dura, pero tengo algo que decirte, y quiero que te lleves esto en tu corazón: Cristo, quien tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra, él, está con nosotros. Y eso, solamente eso, elimina nuestra incapacidad, elimina nuestro temor, elimina el desánimo, y nos da nueva fuerza, la fuerza de saber que Cristo es Rey y debemos proclamarlo como tal en nuestra Ciudad, Ciudad Valles. 

Por ello la muerte y resurreción de Cristo tiene un alcance cósmico. Él no ha venido solo a salvar almas. Él ha venido a rescatar toda su creación, a hacer que los poderes (aspectos creados por Dios, pero deificados por el hombre) se sometan una vez más al propósito por el cual fueron creados. En su muerte y resurrección Cristo exhibe a estos poderes públicamente como lo que realmente son: impotentes ante el dominio y la autoridad de Cristo (leer Colosenses 2:15). Una vez que Cristo muere y resucita los poderes de este mundo son impotentes para mantener a los hombres, y la creación entera, lejos de Dios. Todo puede y debe, una vez más, servir en obediencia a Dios por medio de Cristo, su cabeza. 
De esta forma Cristo es reconocido como la cabeza de toda la creación. Efesios 1:20 nos explica que al Ascender nuestro Señor, se sentó en el trono reinando sobre todo principado y autoridad, poder y señorío, es decir, ha sujetado y está sujetando activamente toda la creación a su dominio y autoridad (1 Corintios 15:24-26). Jesús gobierna no solo sobre la vida celestial o espiritual, sino sobre toda la creación terrenal. Y la creación terrenal incluye tanto tus ejercicios académicos (la escuela, o universidad) como tus actividades recreativas. Tu trabajo (sea la profesión que sea), o la familia. Absolutamente todo está y debe estar sujeto a Él. 

Esto quiere decir dos cosas, primero que todo está sujeto sus propósitos. Él tiene la autoridad sobre toda la creación para dirigirla y disponer todo lo que sucede como bien le plazca. Él dirige su creación para que honren y sirvan al Padre, dándole gloria a través del desarrollo que el ser humano realiza. En segundo lugar todo está y debe estar sujeto a su ley, a su designio. No es únicamente pensar que las cosas sirven para el propósito que Dios quiere, sino que en Cristo, se espera que hagamos y vivamos según sus mandatos en cada aspecto de la vida. Así, todo lo que hagamos se vuelve relativo, nunca un absoluto, solo Cristo es el absoluto, de quien son y para quien son todas las cosas. El libro de Daniel 7:13-14 lo dice de la siguiente manera: “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.”

Ahora quiero que pienses en nuestra ciudad. Y en la implicación que esto tiene para ella. ¿Ves acaso que nuestra Ciudad reconozca la autoridad de Cristo sobre ella? No. Y sin embargo afirmamos que Cristo tiene toda potestad en el cielo y en la tierra. Nuestra visión, es la misma que el Padre tiene hacia su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ver toda la ciudad sometida a Cristo. Ver que Cd. Valles (Ébano, Madero) esté llena de la gloria de Dios así como el agua llena el mar. Ver que hombres y mujeres son restaurados a una relación digna delante del Señor en obediencia, servicio y amor mutuo para la gloria de Dios. Quiero ver que Cristo sea proclamado y creído por multitudes, porque Él es el Rey, el que debe dirigir toda nuestra vida y ante quien se debe doblar toda rodilla. Esa es nuestra visión, y debemos empezar a hacerla real en nuestro diario vivir. Debemos proclamar el reino de Cristo y decir que Él tiene toda la autoridad en el cielo y en la tierra, y eso incluye Cd. Valles. 

2. Nos manda a hacer discípulos en Cd Valles

Después de establecer que a él le ha sido dada toda autoridad en el cielo y en la tierra da una orden a su pueblo. Les dice que yendo por el mundo hagan discípulos a todas las naciones. Hay que ser muy enfáticos en esto, la manera en que lo dice Cristo no es “hagan discípulos en todas las naciones”, sino “hagan discípulos a todas las naciones”, por esta sencilla palabra cambia todo el sentido. No es meramente una evangelización masiva o que hagamos discipulado en México, sino que hagamos que México entero sea discípulo. La demanda que Cristo hace es que todas las naciones lleguen a ser discípulos del Señor. Una nación entera sometida al Señor. 

Obviamente entendemos que no todo México se convertirá al Señor, porque él ha escogido a algunos para salvación y a otros los ha dejado para perdición, sin embargo, el deber del creyente es que la nación misma sea sometida a los pies de Cristo. La predicación del evangelio es la que hace discípulos. Un discípulo es aquél que está identificado con su maestro, que sigue sus enseñanzas y que está dispuesto a ser llamado del nombre de su maestro. Por eso somos llamados “cristianos”, porque seguimos a Cristo, somos discípulos de Cristo, y obedecemos a Cristo. Cuando escuchamos el mensaje esencial del evangelio y lo creemos, comenzamos a ser discípulos, el discipulado comienza. Cada uno de nosotros nos volvemos hombres y mujeres que en su diario caminar, aprenden a experimentar y vivir en la gracia y la misericordia de Dios. Libres del poder de la muerte, el diablo y el pecado. Esta liberación y este comenzar a ser discípulo ocurre cuando escuchamos y creemos las buenas noticias de que Cristo Jesús murió para otorgarnos el perdón y la misericordia de Dios, resucitando para así demostrar que él es digno de nuestra confianza y que tiene toda la autoridad para salvarnos y rescatarnos del mal. La separación que existía entre Dios y nosotros ya no existe más, porque Cristo Jesús ha quitado esa separación y nos ha acercado a Dios el Padre por su muerte y resurrección. 

Así pues, aunque toda la nación no es cristianizada, los elegidos constituyen el núcleo de la nación, podríamos decir que los cristianos mexicanos son el México renovado que será presentado ante el Señor. Por ello deben distinguirse los discípulos de los que no lo son a través del Bautizo. El bautizo es la señal de que esas personas, serán injertadas en el Reino de Cristo, por el bautizo somos identificados con el Reino de nuestro Dios. Y reconocemos al verdadero Dios como el único Señor de todo lo que existe. Por ello nosotros creemos y afirmamos que hay un solo Dios, el Padre quien creó todas las cosas, el Hijo quien redimió todas las cosas, y el Espíritu Santo quien santifica todas las cosas. Que este Dios único y verdadero lo conocemos en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, por ello la fórmula para el bautizo utilizada por los creyentes en el verdadero Dios es “en el nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo”. Así, el bautizo simboliza que nos unimos unos a otros alrededor y por medio del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo. Él es el verdadero Dios y es a su reino al que pertenecemos. Mi pregunta hoy para ti es ¿perteneces a este Dios verdadero? ¿Perteneces al grupo del México renovado que será unido al Reino de Cristo Jesús? ¡Qué maravilla será poder ver Cd Valles unido al reino de Cristo hoy!

3. Enseñándoles a vivir según los mandatos del Señor en Cd Valles

Has reconocido el Señorío de Cristo en Cd Valles, te has convertido en un discípulo del Señor, has profesado públicamente tu fe en Cristo Jesús a través del bautizo, ¿ahora qué? Dice nuestro Señor que es deber de la Iglesia instruir, enseñar a sus discípulos a que guarden todo lo que él nos ha enseñado. 

No solo es formar parte de la Iglesia, sino ser la Iglesia dondequiera que estés. Eres seguidor de Jesús no solo los domingos, sino cada día, cada hora y en cada lugar. Cristo nos dejó mandamientos, guías, instrucción para poder vivir en este mundo de acuerdo a su voluntad. Él quiere que aprendamos a servir al Señor, para que en todo momento le demos la gloria. Su ley es la que llamamos Ley del Amor.

Él dijo: Ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Mat. 22:37) ¿Qué significa esto? Significa que toda tu existencia, todos tus sentimientos, todo tu trabajo, desde lo más profundo en tu ser, pero también en lo más externo y visible, todo ello debe ser una expresión de servicio y fidelidad al Señor. Cuando lo amamos con todo nuestro ser, no podemos permitir que otros dioses estén en nuestro corazón más que él, así desechamos todo intento por parte de nuestro corazón de deificar alguna cosa en la creación, y confesamos que ni la sexualidad, ni el trabajo, ni la familia, o el dinero pueden ser el motivo o razón de ser de nuestras vidas. Como amamos a Dios con todo nuestro ser, no podemos dejar de reunirnos con aquellos que también lo aman, por eso un día de cada siete nos reunimos para reconocerlo públicamente como el que sostiene nuestras vidas y el que nos ha salvado. Dejamos todo trabajo, tarea o labor para poder dedicarlo con gozo, no a nuestra familia, sino al Señor y su Palabra, para fortalecer nuestra fe y andar en sus caminos. O también, cada día en este mundo, cada día cuando trabajamos lo hacemos, no buscando nuestro alimento, sino buscando su gloria. No buscando nuestro honor sino buscando que él sea exaltado. Él y solo él se vuelve el centro alrededor del cual gira toda nuestra existencia. 

También dijo: Ama a tu prójimo como a ti mismo (Mat. 22:39).  Y esto lo explicó de otra manera diciendo: Haz a otros lo que quieres que hagan contigo. Así, él quiere que aprendamos a honrar a nuestras autoridades, incluidos nuestro padre y madre; quiere que protejamos la vida, incluida la del no nacido; quiere que resguardemos la propiedad de nuestro prójimo, procurando su bien; quiere que honremos la fidelidad dentro del matrimonio y la castidad en la soltería; quiere que aprendamos a dejar a un lado la codicia, y empecemos a alegrarnos por el bien de nuestro prójimo. Todo ello no es cosa de un día, sino toda la vida. Y cada día aprendemos más y más sobre cómo servir y honrar al Señor en cada área de la vida. 

CONCLUSIÓN

Así pues, llegamos a la última parte del texto que dice: He aquí yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.  ¿Cuál es la razón por la que podemos proclamar este Reino en nuestra ciudad? ¿Qué certeza tenemos, no solo que será creído, sino también vivido? Pues la certeza de que Él está con nosotros. Cristo ha prometido que él está con nosotros, todos los días, hasta el fin del tiempo. Si mi hermano, esta tarea no es sencilla, más bien, se vuelve cada día más laboriosa y complicada. Y sin embargo, él prometió no dejarnos solos. Nuestra Iglesia tiene muchas dificultades, nos desanima ver poca gente involucrada, poca asistencia, y quizá hasta desinterés por el crecimiento. Quizá tenemos muchas cosas contra nosotros, y es verdad, no conseguiremos que toda la ciudad se convierta al Señor. Quizá también tenemos una gran desventaja, nuestra propia pena para poder compartir el evangelio. Quizá también somos débiles, y quizá también somos cabeza dura, pero tengo algo que decirte, y quiero que te lleves esto en tu corazón: Cristo, quien tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra, él, está con nosotros. Y eso, solamente eso, elimina nuestra incapacidad, elimina nuestro temor, elimina el desánimo, y nos da nueva fuerza, la fuerza de saber que Cristo es Rey y debemos proclamarlo como tal en nuestra Ciudad, Ciudad Valles. 

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