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LA MUJER LEJOS DE DIOS

A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Génesis 3:16

Pbro. Raymundo Villanueva Mendiola

Para muchos este texto es una aprobación tácita o incluso un mandato por parte de Dios, para que la mujer sea considerada inferior y servil ante el varón, a veces, este texto es catalogado como “la maldición de Dios hacia la mujer”. Sin embargo, debemos dejar algo claro desde el mero comienzo: Este verso no es una maldición, tampoco es un mandato, sino que debe verse como una profecía descriptiva de lo que la mujer, en este caso, sufriría lejos de Dios. Cuando el ser humano se aleja y sale de la protección que le brinda el Pacto del Favor de Dios, se encuentra con su misma circunstancia, sigue siendo un ser humano, con sentimientos, posibilidades y acciones que realizar, pero todas esas cosas las experimentará de una manera diferente, lejos de Dios. Y cuando el hombre está lejos de Dios y su Pacto, encuentra solamente aflicción y dolor constante, penurias y desgracias en sus labores diarias. Lo siguiente entonces, más que un mandato o una maldición, es una profecía de lo que le espera a la mujer lejos de Dios. 

1. LA MATERNIDAD SE VUELVE SUFRIMIENTO

Dios le ha dado a la mujer un don maravilloso, el poder llevar en su vientre vida nueva. Por la unión sexual entre el hombre y la mujer se produce un nuevo ser. Algo que a todas miras es un milagro divino, y que ellas llevan durante nueve meses, para al final de dicho tiempo, dar a luz un nuevo ser humano en servicio a Dios. Esto es lo que tenía en mente nuestro Señor cuando le dijo al hombre y la mujer: “Fructificad y Multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread” en Gén. 1:28. Esta labor tan maravillosa de la procreación se vio afectada por la Caída. El mandato del Señor seguía ahí, y se iba a cumplir, seguiría habiendo reproducción sexual entre los seres humanos, pero al vivir su maternidad, esto no sería un motivo de gozo y de alegría para la mujer. En cambio, Dios le dice a la mujer que Él multiplicará sus dolores y sus pesares al estar embarazada y cuando fuera a dar a luz. 

Quiero que notes algo, no dice “Tendrás grandes dolores” sino, “multiplicaré tus dolores”. Eso implica, efectivamente, que la mujer, de por sí, en su estado de preñez experimentaría dolor hubiera o no caído. Ahora, el acto maravilloso de la maternidad no sería considerado del todo como algo hermoso y deseable al que toda mujer puede y debe aspirar. Más bien, por su alejamiento de Dios, cada vez más pondría los ojos en el sufrimiento que ese embarazo trae para ella. 

Lo segundo que debes notar en esta frase, es que Dios le dijo a la mujer que ella experimentaría una multiplicación de los “dolores”, las palabras hebreas utilizadas para “dolor” son Itsabon y Etseb, y ambas tienen en sí la connotación de sufrimiento, por algo que viene. Más que referirse al dolor físico que experimentaría en el parto, se refiere a la aflicción que una mujer experimenta al estar embarazada ¿Qué madre sufriría porque un pequeño viene a este mundo? ¿No debería ser un motivo de gozo? Efectivamente, debería, pero no es así. La mujer se había alienado de Dios, se había alejado de Él, y con ello se querría también alejar de la voluntad expresa de Dios de fructificar y multiplicar. Lo que anteriormente era una oportunidad de servicio a Dios, hoy es una carga y un sufrimiento para la mujer. 

En nuestros días, el hecho mismo de tener un bebé es visto en la sociedad como un factor que retrasa el crecimiento y éxito profesional, especialmente de la madre. También un embarazo es visto como un estorbo, o incluso se dice que cuando se tienen hijos “toda tu vida gira alrededor de ellos”. Hay quienes llegan a afirmar que la mujer que se embaraza siendo una adolescente o muy joven “arruinó su vida”. ¿Por qué el embarazo en una adolescente es “arruinar la vida”? ¿No será que estamos proyectando como sociedad nuestra visión tan pobre y miserable acerca de la maternidad? Es que la verdad, vemos la maternidad como un dolor y aflicción, como un sacrificio lleno de pesares por los hijos que sufren en este mundo. ¿No es verdad que la sociedad nos quiere vender un método de planificación familiar basado en el asesinato de un bebé? 

La profecía en la vida de la mujer se cumple, porque ella al querer construir su vida sin Dios, desecha la bondad que es propia en la creación de nuestro Dios: cataloga de malo un embarazo, o incluso llega a rechazar el don de Dios al practicarse un aborto. ¡Cuidado mujeres! El rechazo de la relación de Pacto que Dios ha establecido con ustedes acarrea solo dolor y aflicciones en la vida maternal. Pero una mujer que ha construido su vida alrededor de Dios, pone en el correcto lugar su maternidad y la vive para la Gloria del Rey. 

2. LA DIFERENCIA SEXUAL SE VUELVE SUFRIMIENTO

El hombre y la mujer están buscando algo que le dé sentido a su existencia, la maternidad en algunas mujeres se convierte en “una razón para vivir”, se convierte en una forma de vida o incluso en una manera de encontrar propósito en su vida. Pero también hay quienes ven en la diferencia sexual una manera de encontrar propósito y significado. No me refiero a la actividad sexual, sino a la diferencia sexual entre hombre y mujer. Dios ha establecido una diferencia entre los varones y las mujeres, y tal diferencia es buena y esencial a la Imagen que Él quiere que reflejemos. Por eso en el caso del texto que aquí nos compete hemos de entender que también Dios le da a conocer a la mujer que la diferencia sexual que bajo la comunión con Dios es algo bueno y maravilloso, fuera del Pacto de Dios se convierte también en un pesar y sufrir constante. 

“Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”. La palabra hebrea para “deseo” es “Teshukaj” y quiere decir “ansia, pasión, ganas” (Sch), y tiene una amplia connotación sexual, pero con el propósito de ejercer dominio sobre alguien. Mientras que el término “enseñorear” referido al varón que se enseñorea sobre el deseo de la mujer es “mashal” y quiere decir “regir, gobernar, dominar, mandar” y tiene la connotación de ejercer dominio sobre otro ser humano. En este caso vemos claramente que la mujer constantemente luchará por dominar al varón, a través de la expresión sexual o por su astucia, y el hombre dominará a la mujer a través del sometimiento físico. Lo que vemos aquí es una clara referencia a la aparición del machismo y el constante deseo de librarse de ese yugo y establecer el suyo propio, es decir, el feminismo. La mujer luchará por imponer su deseo sobre el varón, pero el varón dominará sobre la mujer a través de medios más violentos. 

Esto mis amados hermanos debe quedar claro que no se refiere a que Dios promueva o el feminismo o el machismo, más bien debemos recordar que es una visión profética de lo que a la mujer le espera lejos del Pacto de Dios. Dentro del Pacto de Dios la mujer y el hombre se encontraban en una relación de igualdad, ambos eran servidores de Dios, ambos tenían la comisión divina de Fructificar y dominar la creación. Ambos eran creados en la imagen de Dios. Lo que los ponía en una sociedad con Dios. Una vez que se han alejado de Dios y su Pacto, el hombre y la mujer luchan por ser el mandamás, ambos están peleando constantemente por ser quien tiene la razón y quien guíe el destino y propósito de este mundo. 

El machismo y el feminismo son el deseo de elevarse uno por encima del otro. El hombre por encima de la mujer o la mujer por encima del hombre. Cuando el hombre y la mujer se alejan del Pacto de Dios, se encuentran uno frente al otro en continua oposición, y por ello tratan de dominar y ejercer autoridad sobre su compañero. Es de notar que en esta lucha de poder, la mujer está destinada a experimentar la derrota, ya sea por la fuerza física del varón, o por el desprecio de este hacia la mujer. Desgraciadamente por más lucha que la mujer haga por liberarse de la opresión masculina e imponerse ella misma como la dominadora del hombre, está condenada al fracaso. Esto se debe a que la única manera de realmente ser liberada de la opresión del machismo y del feminismo es a través del Hijo de la Mujer.

CRISTO LA RESPUESTA

Cuando Cristo vino a rescatarnos, tomó sobre sí la culpa del Pecado del hombre y la mujer, y puso nueva vida en ellos para que una vez más pudiesen servirle en fidelidad y compañerismo, les hizo ser otra vez “ayuda idónea”. Pablo en su carta a los Efesios, capítulo 5, establece que un principio que Dios establece para las relaciones sociales (entre hombre y mujer) es el sometimiento unos a otros en el temor de Dios (v.21). Con ello Pablo quiere decir que el hombre debe someterse a la mujer, y la mujer debe someterse al hombre. ¿Cómo? La manera de someterse a su mujer es amándola como Cristo amó a la Iglesia (sacrificialmente). Y la manera en que la mujer se somete a su marido es respetándolo (en obediencia responsable). Esto se debe a que en el corazón del ser humano está el constante deseo de elevarse uno por encima del otro, pero Dios establece que ambos deben someterse unos a otros, en Cristo Jesús, ante Dios. Es a través de la nueva relación en Cristo que ambos pueden verse una vez más como socios y ya no más como enemigos, sino coparticipes de la gracia y herederos juntamente con Cristo. Solamente Cristo, el Hijo de la Mujer, es el que puede eliminar la lucha tan terrible y el azote que la mujer vive bajo el machismo. Solo a través de Cristo Jesús pueden el hombre y la mujer arrodillarse juntos ante Dios el Padre. 

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