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LA ENTRADA DEL REY

JUAN 12:12-19

El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén,  tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna. Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho. Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal. Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.

1. JESÚS ES EL REY.

Ya había una gran multitud en Jerusalén, iban con el propósito de celebrar la Pascua, el sacrificio del cordero que habría de limpiar sus pecados por un año más. Algunos estiman que en la ciudad estaban más de dos millones de persona. Era una santa convocación para toda la nación. Una gran cantidad de personas que habían ido a la fiesta escucharon que Jesús iba a Jerusalén, y en un acto inusitado, incontrolable y seguramente guiado por el Espíritu, empezaron a llevar ramas de palmera a recibirle. El clamor se empezó a oir, se escucharon gritos de alegría y victoria: “¡Hosanna! ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!” 

Detengámonos un poco en el significado de estas palabras. Esta frase es una cita textual del Salmo 118:25-26. Pero en sí todo el salmo es una invitación para que alabemos al Señor porque sus misericordias son perpetuas. Ellos estaban reconociendo en él a Aquél que vendría a introducirlos a la tierra prometida, Aquél que vendría a librarlos de todos sus enemigos. En el contexto del Salmo 118, estaban reconociendo en Jesús a Aquél a quien todo Israel, la casa de Aarón, los que temen a Jehová y los que estaban en angustia pueden refugiarse y deben congregase alrededor puesto que es la misma misericordia de Dios personificada (118:1-5). También reconocían que confiar en el hombre, o que confiar en nuestros gobernantes, no es tan bueno como confiar en Él, el Salvador (118:16-19). O que todos nuestros enemigos serán destruidos y que los que nos ponen tropiezos serán eliminados en el nombre de este poderoso Señor (10-13). Solamente en Él podremos encontrar proezas, valentías, fuerza, júbilo y salvación (14-24). 

La frase que nos ocupa exactamente es la del versículo 25 y 26. Donde encontramos la palabra Hosanna. Esta palabra quiere decir Sálvanos por eso en el capítulo 118 de los salmos versículo 25 lo encontramos traducido. Sálvanos, ¿de qué? De nuestros enemigos, de nuestros pecados, nuestra miseria y maldad. Sálvanos de los peligros que acechan a nuestro alrededor. Sálvanos de nuestra propia esclavitud. Sálvanos de aquél que se ha declarado enemigo de nuestras almas. Sálvanos de nuestros pecados que nos llevan a hacer el mal. Sálvanos de nuestra propia inseguridad. Sálvanos, en fin, de confiar en nuestras propias fuerzas, para encontrar en ti nuestro refugio y fortaleza. 

“Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Esta frase la encontramos también en el salmo 118 y nos recuerda algo muy importante, Jesucristo viene en el nombre de Jehová. Es su representante en la tierra, es el que habría de revelarnos claramente la voluntad de su Padre y llevarnos en justicia a su Reino. Él no viene a reclamar derechos por su propia voluntad, sino que viene con la misma autoridad de su Padre, reclamar y exigir lo que le corresponde, y lo que, al parecer, las multitudes le reconocen por derecho: El Reino. Cristo Jesús, es el Rey que viene a proclamar la liberación de su Pueblo de los grilletes del pecado. 

Pero la última frase que repite el pueblo es “El Rey de Israel”. Esto no se encuentra en el salmo 118, esto es seguramente el clamor del Espíritu en ese momento que se reveló en la multitud. Reconociendo a Cristo no solo como el enviado, o un profeta de Dios, sino como el que tiene derecho al trono, legítimamente. No como Herodes, un rey venido de fuera, o como el César quien a través de engaños y restricciones se había coronado emperador. Más bien uno que por derecho divino, por genealogía, y por unción celestial, era reconocido como el Soberano, el que gobierna sobre su Pueblo, victorioso y poderoso.

2. LA PROFECÍA

De ahí la mención que hace Juan de la Profecía de Zacarías 9:9. Esta profecía es hermosa, nos habla de la venida de un Rey que lejos de montar un caballo de guerra o un soberbio corcel adornado de bellos plumajes y armadura, monta un asnillo, un pollino joven. Lo que nos indica que su misión es traer la paz, la restauración, la salvación a su Pueblo, más que la guerra. Él no viene contra nosotros, más bien viene “justo, y salvador, humilde”. La montura, un asnillo, un pollino indicaba que era un Rey, no un guerrero conquistador. La entrada triunfal no quiere decir que llegó como vencedor en una batalla, sino que es un Rey que está entrando en su propia ciudad, como el que anuncia la paz tan anhelada. La salvación tan esperada, y la justicia por la que tanto clamamos. Él es el Rey que viene a responder los clamores que su Pueblo hace día tras día. 

Él es nuestro Rey que en verdad es humilde. No nuestros líderes políticos, ni nuestros jefes sindicales, o nuestros jefes empresariales, más bien Cristo Jesús es el verdadero Rey que en humildad nos da la paz, y la justicia que tanto anhelamos. En él podemos encontrar el gozo que tanto necesitamos, Jesucristo se vuelve para nosotros no solo el salvador de nuestras almas, también el que santifica nuestras vidas, y el que trae la paz y una dirección qué seguir en estos días llenos de incertidumbre. Él es nuestro Rey de Paz. 

3. LA REACCIÓN DEL HOMBRE

Mas ¿qué sucede con todos los que están observando lo que sucede? ¿con los que participan? ¿Entienden todos lo que está pasando? ¿Todos reciben a Cristo con el mismo entusiasmo? Pues aunque en un principio podríamos llegar a pensar que sí, la verdad es que no. 
En primer lugar encontramos a los discípulos. Ellos no entienden el porqué de esta situación. Se gozan y se alegran de que a su maestro le den tal bienvenida, pero no entienden el significado tan profundo que estos cánticos revelan. Más bien, se muestran perplejos ante la situación y se preguntan ¿qué quiere decir esto? Ellos no entendieron hasta que después de que Cristo fue glorificado, el Espíritu les recordó todas estas cosas, y que en Jesús se habían cumplidos las profecías. A veces nos desesperamos por no entender la Biblia, y no saber que ella toda es un testimonio de nuestro Señor Jesús, ya sea en su carácter de Rey, de Profeta o de Sacerdote, encontraremos en cada lugar una señal, una idea que nos indica que Cristo Jesús es el envido de Dios para quitar el pecado del mundo. 

Otros daban testimonio de las cosas que Jesús había hecho. Entre ellos los que habían visto los milagros de Jesús, especialmente la resurrección de Lázaro, un hombre que había estado muerto por cuatro días, y a quién Jesús había resucitado. Ellos con gozo cantaban “Hosanna” Sálvanos. Porque sabían que él tenía el poder y quizá creían que Jesús habría de ser el que destruyera el imperio romano, quien tomaría el control y las riendas de Jerusalén, o quien habría de expulsar a los romanos y a Herodes de la tierra sagrada, y así unir nuevamente a Israel. Pero la verdad nuestro Señor venía a traer Paz y Reconciliación del hombre con Dios. Para después traer a todos a la fe y a los pies del gran Rey. A veces nos hacemos falsas ideas de Jesús, y creemos que siempre hemos de ver milagros y portentos, pero olvidamos que el primer milagro que ocurrió en nuestras vidas es que podamos creer en este maravilloso Rey que nos trae la paz. 

Por último, la opción de los que no aman al Señor fue rechazarlo y envidiarlo. Los fariseos, los sacerdotes y demás líderes del pueblo encontraron a esta multitud vitoreando y aclamando a Jesús, no pudieron detenerlos. Por ello sus palabras son de desprecio, quieren detener el avance del Reino, quieren detener el progreso y la entronización del Rey. Y por ello se encuentran despectivamente señalando que el pueblo se va tras él. Ah mi amigo y hermano, quiera Dios no permitir que tú te encuentres de ese lado, porque es de los más peligrosos de los tres. El de la incredulidad, la rebelión. Es la actitud de aquél que aún viendo las maravillas y conociendo las profecías se niega a entender y a reconocer el obrar de Dios en Cristo. 

CONCLUSIÓN

La actitud de los discípulos era una de Fe, ya que no entendían lo que sucedía pero continuaban en fidelidad, hasta que por fin entendieron todo lo que sucedía. La actitud de la multitud era por vista, ya que habían visto grandes milagros, por eso estaban dispuestos a vitorear. Pero la actitud más peligrosa es la última, porque es la de aquellos que entienden las escrituras, y han visto los milagros y aún así siguen despreciando a este poderoso Rey. Eso mis amados amigos y hermanos es el gran peligro de la incredulidad y de la rebelión. Puede ser que tú te aferres a dejar a un lado a Jesús, sabes que él es el salvador, el Señor de nuestras vidas, quien dio su vida en la cruz por nosotros, pero aún así te aferras a rechazarlo. Sabes las cosas que ha hecho a favor tuyo y las grandes obras que realizó a favor de su pueblo y aún así le sigues desobedeciendo. Dime, ¿seguirás rechazando a este Rey? O ¿ya por fin te someterás a Él? 

Pbro. Raymundo Villanueva Mendiola

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